Morí

Son las dos de la mañana cogido de la nada,
subordinado al frío de mi ideología,
inhalando soledad que me moja el alma.
Una sonrisa que me toca el dorso.
Afligido...
Que se aleja y que la muerte la atemoriza.

Morí...
cuando no me antojé seguir existiendo.
Dejé la vida...
La vida que era estar a tu lado,
la vida que me llevaba al paraíso.
Ahora acá en la tierra sólo un cadáver presente
sumiso, sin vida, en soledad...

Mis ojos llenos de exclamaciones melancólicas,
una almohada que acompaña mis lamentos.
mis sueños de sol no resplandecen en las sombras,
mis manos frías en esta distancia... Es mi tumba.

Morí...
Sin pretender que no me quisieras.
El final, el crepúsculo, la hora oscurecida, el día que no estoy.
Camino perdido que me amparas,
indeseada penumbra que me aprietas.
Cementerio de mi alma enamorada,
ansia de tus caricias y mis brazos,
víctima del amor en tu boca que me tenía vivo.
Amor... tengo los labios de mis condenas
besando las huellas de tu ausencia
¡Amor!... tengo tu boca cuando me inspira, cuando me platica,
y la afonía de tus roces que en mi boca tengo vacía.
Que he hecho de mí, una fantasía que nunca disfrutaste,

El amor que por más fuerte jamás pretendiste,
el apetito, que recorre por tu instinto, que no oyes,
la verdad, que consume de tu ausencia, a quien ama,
una risa melancólica… cuando sé que no te tengo...

Oh mi amor!, por qué estás tan dentro y tan lejos?
en mis manos que tocan tu mudez,
en mis ojos que murmuran a tu huída,
en mi sangre que viaja por mi cuerpo,
en cada casilla que por ti, aún vive…

Mira mi corazón que discute a tus ojos que resisten,
besa mis ganas que se propaga por la brisa de tu cuerpo,
cuando mi calma agoniza conmemorando que te quiero...
¡Oh amor que me ignoras! ¡Oh amor que vivo y que me matas!

Sólo queda todo de ti abrigando mi angustia,
tus ojos que miro en mi imaginación… que felicidad ausenta,
tus gesto que alegran mis vías,
tus besos que fantaseaba cada amanecer,
por eso tú nunca estás ausente, jamás, porque siempre te tengo...
estás tan cerca y no hace falta tu presencia.

Mi ambición

Tengo un deseo sigiloso que busca felicidad.
Tranquilo.
Tengo las manos con atados delicados que conservan la cordura.
Digno, que domina mi propia energía materialista.
Y más que en mí, logro repasar en quien creo.
En la fe que surge de mis vías que dejo
y en los desvergonzados que polvo germino.

Apenas florece una luz y emergen muchas sombras.
Y estoy allí… insaciable de mi potestad,
de subir al cielo o de adormecerme en sus sombras.

Estoy enervado, claro, de tan poco y de la boca,
de un beso, del narcisismo que me excita.
...Pero de las espinas no brotan las rosas.