Mi ambición

Tengo un deseo sigiloso que busca felicidad.
Tranquilo.
Tengo las manos con atados delicados que conservan la cordura.
Digno, que domina mi propia energía materialista.
Y más que en mí, logro repasar en quien creo.
En la fe que surge de mis vías que dejo
y en los desvergonzados que polvo germino.

Apenas florece una luz y emergen muchas sombras.
Y estoy allí… insaciable de mi potestad,
de subir al cielo o de adormecerme en sus sombras.

Estoy enervado, claro, de tan poco y de la boca,
de un beso, del narcisismo que me excita.
...Pero de las espinas no brotan las rosas.

Juntos en el camino

Más que estar en la melancolía
saboreando los caminos de nuestros cuerpos,
recordándonos, conquistándonos…
Recobrándonos.

Te llevaste el clímax de mi ansia en tu agua,
desenterraste los ojos de mis fantasías…
Y a mi lado… Siempre permaneciste.
Perpetuamente te he llevado.

Estamos en el camino, juntos, envueltos,
removiendo los cabellos negros de la noche,
ansiando el sudor de nuestros quejidos.

Juntos en el camino que nos tiene descubiertos.
Más que vivamos en la soledad,
existimos juntos en el camino.

Mi mano te tienta entre tu tristeza,
atravesando los desiertos del silencio.
Hallándote, arrastrándote, deseándome.

Entre nuestras bocas nos hallamos
que las aproxima locas el tiempo…
Y entre lo real todo es incansable

Tan solos entre tanta multitud.
Y en tu pasión y en mis versos y entre la fantasía
Juntos en el camino.

Hagamos el amor

Tiemblan estrellas que palpan tu ventana.
nuestros cuerpos en el lecho.
Sábanas rozadas y ropas huracanadas.
El espacio de humedad que florece deseo.
La unión de tu alma en el cuerpo.
Tus caricias con el instante que te sueño.

Hacer el amor.
Fundir nuestros cuerpos,
hallarnos tú y yo.
Juntar el amor y los orgasmos,
vaciar las sonrisas,
cobijar los afectos con ojos enamorados,
morder todo el tiempo con besos,
quedarse cada segundo en nuestros brazos.

Hacer el amor.
Es seducirte,
es el te amo más profundo en el edén,
es apacible ímpetu en el cuerpo.

Pasión y carne.
En tus pechos,
en el encuentro del deseo,
en la tormenta de la carne.
Sofocarnos de felicidad por poseernos.