Yo nunca resistí las despedidas...


Con su mezcla de muerte y precipicio

con el aroma amargo de la finitud

empalagando el ánimo

con esa luz de hielo matutino

que penetra debajo de los párpados.


Yo nunca resistí las despedidas

pero no sé por qué.

Me lo pregunto porque no ha supuesto

una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.

He solido saber

con esa exactitud de los relojes

el lugar, el momento

la documentación y el escenario

en que sobrevinieron.


No hay engaño. El domingo seis

era un domingo sin ti. Estaba escrito

mucho antes que las lágrimas

anunciasen el fin

y todo fin es único.


Las despedidas son como el otoño

inevitables pérdidas

vienen puntuales con aviso previo.

Nadie puede acusar de su tristeza

a la pequeña hoja tiritando dormida

en medio del camino.


Yo nunca resistí las despedidas

porque en cada una de ellas se marchita la voz

de todas las personas que yo he sido

y ya no puedo ser.


M. V. C.

Se fue de aqui, se llevó mi orgullo
quizá, tal vez, me guarde junto al suyo...
Vacío y solo de arrepentimiento
no queda nada, solo este sufrimiento.

Y así pasó por no hablar de nada
quizá, tal vez, lo contaré mañana...
Chicos malos y chicas prohibidas,
juegos caros, amor de fantasía.

Sácame de aquí no quiero sufrir
esta soledad me esta matando,
no quiero volver a ser otra vez
ese chico malo, ese chico cruel...
Ese chico cruel.
Hoy quiero quedarme solo
sin prender la luz...
Sentir el dolor tan hondo que me causas tú.

Hoy quiero quedarme solo para lamentar
que un día lo tuve todo
y lo dejé escapar.

¿En que momento pasó?
¿Cómo fue? no quise alejarte...
La noche me sorprendió,
te busqué ya era muy tarde.

Hoy quiero quedarme solo
y autodestruir
tal vez si me muera un poco te imagine aquí
ya no soy nada hoy... Y no voy a salir.